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Nuestros líderes

James Tino

El pastor James Tino desde muy joven sintió el llamado de Dios, pero no sabía en qué sector tenía que servir. Esto lo condujo a explorar sus opciones, por lo que el estadounidense nacido en Macomb, Michigan, el 4 de octubre de 1962, se adiestró durante un año en lenguaje de señas porque consideró trabajar con personas sordomudas.

Obtuvo el título de Bachiller mención Psicología en la Universidad Concordia, en su estado natal. Al concluir esta etapa se sentía vacío, entonces decidió trasladarse a Indiana para entrar en el seminario bautizado con el mismo nombre del alma mater en la que cursó sus estudios de pregrado.

En su tiempo de vicariato tuvo la oportunidad de observar la siembra de una nueva iglesia. Todavía se emociona al comentar que esto le gustó mucho. Así que todo parecía indicarle que estaría colaborando en el nacimiento de congregaciones y no sería líder de grupos ya establecidos.

Forjando el camino

Una vez que alcanzó su maestría en Divinidad, fue convocado por un campo misionero en Venezuela, y allí descubrió su verdadera vocación: predicar la Palabra Santa en diferentes naciones.

Trece años de su vida transcurrieron en la tierra caribeña. Allí fue pastor en varias zonas urbanas. Gabriela, Verónica y Benjamín, tres de los cuatro hijos que tuvo con su esposa Liisa Gayle Mattson, nacieron en Caracas. Su primogénita se llama Sonrisa.

Retornó a Estados Unidos para aceptar el cargo ofrecido por el Sínodo de Missouri como Director de Área, lo que le permitió conocer la labor evangelística realizada en algunas partes del continente.

Al vivir en Suramérica, se dio cuenta que le faltaba preparación para “sobrellevar los cambios culturales”. Eso lo motivó a titularse como doctor en Filosofía, mención Misionología, sección que abarca la antropología cultural.

Su necesidad de continuar contribuyendo en la difusión del Evangelio por el mundo lo animó a fundar Global Lutheran Outreach, GLO, organización que desde 2010 facilita el traslado de misioneros transculturales a distintos países.

De cara a nuevos horizontes

Radicado nuevamente en la tierra que lo vio nacer, sintió que debía abandonar el terruño para ser más eficaz en la extensión de los propósitos de GLO. De esta forma llegó en 2014 a territorio austral, por invitación de la Iglesia Luterana Confesional de Chile.

Junto al reverendo Cristian Rautenberg condujo las riendas de La Cruz de Cristo, templo situado en Santiago, en la comuna de La Florida. Al conseguir el establecimiento de esta familia cristiana, se convenció que era el momento de instaurar un nuevo punto de adoración en la ciudad. De esta manera se convirtió en el ministro de la Misión Luterana Providencia.

Sus ojos reflejan un brillo especial al hablar de esta obra. La ubicación de la sede ha facilitado su acercamiento a la comunidad de inmigrantes venezolanos con la que se siente identificado, pues conoce muy bien los desafíos que hay que encarar en el nuevo hogar. Asegura que los extranjeros se muestran “más abiertos al mensaje de Dios”.

Un largo trayecto ha recorrido hasta aquí. Su rol como conferencista lo ha llevado a más de 20 países. En su historia también se destaca su experiencia en la música, docencia y escritura. Ahora también es abuelo.

Liisa Tino, la mujer que camina junto al pastor

La sonrisa es una de sus mejores amigas. No le hace falta pronunciar palabra para hacerse notar, pues con tan sólo su presencia ilumina cualquier lugar en el que se encuentre. Desde hace más de tres décadas, Liisa Gayle Mattson adoptó el apellido Tino al convertirse en la esposa del pastor James, y juntos ahora llevan las riendas de la Misión Luterana Providencia.

Nacida el 18 de agosto de 1962 en Fitzwilliam, New Hampshire, Estados Unidos, esta encantadora mujer proviene de una familia de músicos. Así que no es de extrañar que en su juventud decidiera trasladarse a Michigan, para matricularse en la Universidad Concordia de la que egresó como Licenciada en Educación, mención Música.

Desde los cinco años toca el piano. En su tiempo universitario conoció otros instrumentos y también al hombre que más tarde se convirtió en su compañero y el padre de sus cuatro hijos. “La formación de nuestro matrimonio comenzó en estos tres años de amistad”, señala al rememorar los días en los que ella y el reverendo terminaron uniéndose gracias a su afición musical.

Una misionera transcultural

Como fiel acompañante, no dudó en abandonar su tierra natal para apoyar a James en la predicación del Evangelio. Su primogénita apenas tenía dos meses de edad cuando atendieron el primer llamado a servir, que les llegó desde Venezuela.

El vivir en tierra caribeña no la intimidó, porque puede adaptarse a los cambios sin mayor dificultad, y además tiene la habilidad de convertir en un hermoso hogar cualquier rincón en el que le corresponda instalarse.

Ha sabido identificar las oportunidades que Dios le ha deparado. Lo demuestra en el dominio del idioma, los bailes, las comidas y las tradiciones del sitio que habita para seguir difundiendo el mensaje divino. En Chile ya lució su vestido de “huasa”.

Desde que llegó a Santiago, ha sido un gran aporte para la iglesia en distintos aspectos. La congregación de La Cruz de Cristo, por ejemplo, sabe que sigue siendo una excelente aliada, porque a pesar de encontrarse trabajando arduamente en la nueva obra, jamás desatiende un auxilio sin importar de dónde provenga.

Siempre entusiasta

Está muy emocionada con este desafío de establecer un nuevo punto de adoración en la ciudad. Son muchas las ideas que contempla para lograr que más hombres, mujeres y niños conozcan a Cristo. “Yo creo que cada ser humano se da cuenta que tiene un hoyito en su ser y busca poner algo ahí para que se llene”, comenta muy segura de que sólo Dios puede cubrir los vacíos, porque las cuestiones terrenales son efímeras, pero Él es eterno.

Una de sus mayores satisfacciones es cuando consigue la fluidez en las melodías para el deleite de los congregantes. Otra cosa que le alegra la vida es poder compartir con su familia. El estar sirviendo en otro país no ha sido impedimento para continuar alimentando la relación con sus hijos y nietos. Dice que le encanta su rol de abuela.

* Biografías escritas por Elianeth Pineda.

Lo que creemos

La Iglesia Luterana no es algo nuevo, sino el resultado del movimiento reformador que sacudió a la iglesia cristiana en 1517. El doctor Martín Lutero, monje católico romano de la orden Agustina, impulsó esta corriente para librar a la iglesia de enseñanzas erróneas y de muchos abusos que se practicaban en ella.

El deseo del reformador no fue fundar una iglesia nueva o crear divisiones, sino llevar a la iglesia a las raíces del Nuevo Testamento. Su propósito principal fue que el hombre pudiera conocer y relacionarse con Dios por medio de la Biblia.

Al servicio de todos

Históricamente, la Iglesia Luterana ha estado presente en las comunidades para responder a sus carencias. Escuelas cristianas, hospitales, centros de ayuda a los necesitados y a los refugiados, entre otros, han sido parte de los programas de servicio como testimonio de su amor a Dios y al prójimo.

La Iglesia Luterana enseña que…

La Biblia es la Palabra de Dios. Ella es el único medio por el cual Él se revela a la humanidad.

Dios es uno en tres personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Es el creador, redentor y santificador.

Jesucristo murió en la cruz del Calvario para salvar al mundo de sus pecados.

Una persona se salva no por sus propias obras, sino por la gracia de Dios mediante la fe en Jesucristo. “Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en Él no se pierda, sino que tenga vida eterna” (Juan 3:16).

La gracia del Padre Supremo es el amor que Él nos tiene y que no merecemos.

La iglesia está formada por todos los cristianos que creen en Jesucristo como Señor y Salvador.

El Bautismo es un sacramento por medio del cual una persona vuelve a nacer a través del Espíritu Santo.

La Cena del Señor es un sacramento en el que están presentes, en el pan y el vino, el verdadero cuerpo y la verdadera sangre de Jesucristo. Por medio de la Santa Comunión Dios reafirma al comulgante el perdón completo de sus pecados.

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