“Sin el anuncio de los ángeles, no nos hubiésemos dado cuenta de que la paz había llegado a la Tierra”. Así lo resaltó nuestro pastor, James Tino, durante el servicio especial de Navidad realizado en los espacios de la Misión Luterana Providencia el pasado 24 de diciembre.

Los emisarios del cielo cumplieron con su encomienda, al esparcir el mensaje del nacimiento de Jesús, quien vino al mundo “para rescatarnos de nuestra maldad, de nuestros pecados y de nosotros mismos. Ayúdanos a compartir tu milagrosa venida con las personas que has puesto en nuestras vidas”, pronunció Tino mientras que el resto dábamos gracias por tantas bendiciones.

En el mensaje se resaltó la intervención de los arcángeles en varios episodios de la humanidad, principalmente en la llegada del Hijo de Dios, pues fue un ángel el que se apareció a los pastores para darles las buenas nuevas. Como lo reseña el Evangelio de San Lucas 2.10-11: “No teman, que les traigo una buena noticia, que será para todo el pueblo motivo de mucha alegría. Hoy, en la ciudad de David, les ha nacido un Salvador, que es Cristo, el Señor”.

“¿Dónde están los ángeles de hoy día?”, preguntó nuestro líder en referencia a las múltiples ocupaciones, propias de la temporada decembrina, que nos hacen dejar a “Cristo fuera de la Navidad”, sin importarnos que Él es el verdadero motivo de esta celebración.

La liturgia del día contó con las dulces voces de Raquel y Adrianny Ventura que, acompañadas por Liisa Tino en el teclado, entonaron “En un establo”, canto que nos recordó al Rey de reyes nacido en un pesebre de Belén.

También se encendieron las cinco velas que integran la corona de Adviento, en respeto al ritual correspondiente a esta fecha, y repasamos el significado de cada una de ellas: la rosada simboliza la alegría de los ángeles, que cantaban por el nacimiento del mesías; las tres azules significan la esperanza en el cumplimiento de las promesas hechas por el Padre eterno a la humanidad, la preparación (porque debemos prepararnos para recibir a Dios) y el amor (para recalcarnos que el Señor nos amó tanto que dio a su único Hijo en sacrificio para salvarnos de nuestros pecados); la vela blanca, en el centro, representa a Jesucristo mismo.