El pastor James Tino nos recordó durante el tercer domingo de Adviento que no podemos desviarnos del auténtico sentido de la Navidad, que es celebrar el nacimiento de Jesús, el Salvador.

El líder de la Misión Luterana Providencia además recalcó que acostumbramos a llenar estos días de estrés, al andar en preparativos que se alejan del verdadero concepto de esta época, pues “nuestro orgullo humano es lo que arruina la Navidad. Pero justamente por eso –para salvarnos de nuestro orgullo y pecado– fue que Dios se humilló y nació entre nosotros, para dar Su vida en rescate por cada uno”.

El servicio divino igualmente resultó oportuno para rememorar los días que María, con Dios Hijo en el vientre, compartió con su prima Elisabet, también embarazada de Juan el Bautista para el momento. A través de estas mujeres humildes el Padre celestial cumplió con lo que estaba escrito, porque “Dios no se olvida de sus promesas”.

Tino realizó la reiteración minutos previos a la cena navideña, efectuada en nuestros espacios, a fin de fortalecer -unidos como familia en Cristo- el significado de las presentes fechas en las que debemos alabar a nuestro Señor. Como dice el Evangelio según San Lucas 1:49: “Grandes cosas ha hecho en mí el Poderoso; ¡Santo es su nombre!”.

Las manos prodigiosas de algunos hermanos de nuestra congregación hicieron posible que disfrutáramos de la comida tradicional venezolana, la hallaca, mientras que otros nos guiaron en la entonación de aguinaldos al ritmo del cuatro, las maracas y el tambor.

La reunión nos dio la oportunidad de conocer a nuevos amigos y de comprobar nuevamente que una vida sin Cristo está vacía y sin propósito.